Laura Vive
Jorge Olivera Castillo. Sindical Press
Aunque cabría en el terreno de las probabilidades, no me atrevo a afirmar que la líder de las Damas de Blanco Laura Pollán haya sido asesinada por oficiales de la Seguridad del Estado, el 14 de Octubre último, en la sala de terapia intensiva del Hospital Calixto García de la capital cubana. A falta de pruebas, tal veredicto sería parte de otras suposiciones que lejos de alumbrar la verdad, le añade mayor extensión al manto de dudas alrededor del desenlace. Si descartamos la teoría de un crimen, provocado por medio de envenenamiento u otro proceder oculto tras una “inmejorable” asistencia médica, es lícito pensar que el deceso estuvo vinculado, en parte, al desgate físico y mental. Realmente no es fácil soportar durante más de 8 años, el asedio de la policía política, el ataque de las turbas parapoliciales, los azarosos viajes a la prisión para ver a su esposo Héctor Maseda y la organización de las audaces actividades cívicas en un ambiente de tensiones de diversos tipos. Laura siempre prefirió gastar casi todo su tiempo en exigir la liberación de los presos políticos que en atender su maltrecha salud. Eso vale un agradecimiento eterno. Recuerdo cuando le aconsejaba una mayor atención a su diabetes. Escuchar de su boca, aquellas números de dos dígitos, después de comprobar los niveles de azúcar en sangre, era suficiente para sentir una preocupación que se renovaba al enterarme por ella misma o por alguna amistad cercana a ambos, que la delicada situación se mantenía. Nada anormal, a raíz del aumento de la beligerancia a favor de sus demandas y las bestiales respuestas de sus victimarios. No importa que por el momento falten evidencias para conocer, en profundidad, los elementos causales de su muerte. ¿Hubo premeditación o murió de manera natural? . La respuesta precisa tardará en salir de los brumosos laberintos del enigma. De lo que no se debe dudar es que las afectaciones de su sistema inmunológico, que habrían permitido el fatal avance de las bacterias que minaron su organismo, se debió al agotamiento frente a fuerzas muy superiores y capaces de actuar sin ningún tipo de escrúpulos. Ante la incertidumbre, hay quienes insisten en la versión de un asesinato. Razones no le faltan, al repasar no pocos eventos relacionados con otras muertes de opositores flanqueadas por un conjunto de extrañas circunstancias. El perfil de todas las dictaduras es eliminar a sus adversario a como dé lugar. Sería muy ingenuo pensar que los planes de anulación terminan en las campañas de desprestigio, las palizas en las calles por parte del “pueblo enardecido” o la cárcel. Por supuesto que los crímenes tendrán sus camuflajes, pero por mucho empeño en las maniobras para ocultarlos, la verdad suele emerger con el tiempo. El ejemplo de Laura surca el cielo de Cuba como una paloma blanca en su plenitud. Su muerte fue solo un percance mínimo, un detalle intrascendente para alguien que se ganó el derecho a vivir en muchos corazones.
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