Plazos Traicioneros
Jorge Olivera Castillo. Escritor y periodista
Raúl Castro ha revocado la orden de demolición. La ley migratoria mantendrá sus paredes erguidas, el mismo grosor y sus alturas infranqueables. Las concesiones de los correspondientes permisos de entrada y salida seguirán ligados al estado de las emociones y el calibre de los escrúpulos, de quienes controlan esta sección del país-presidio. Para los afortunados viajeros están las puertas de emergencia. Los viejos artificios con los que se pretende matizar la tosquedad de los muros y el tintineo de los candados. Hubo quienes pensaron en ver escombros y polvaredas antes que se extinguiese el 2011, sin embargo solo atinaron a captar en vivo y en directo, el anuncio de un aplazamiento sin fecha de expiración. Franquear las fronteras nacionales seguirá siendo un propósito pervertido por un sinfín de regulaciones de endebles asideros legales y a través de la cuales se extorsiona y humilla con una naturalidad sorprendente. ¿Cómo calificar la tarjeta blanca, el salvoconducto que legaliza la partida definitiva o temporal del territorio nacional, en pleno siglo XXI? Al conocer su vigencia, que ya dura más de 40 años, y desconociendo el día de su derogación, se confirma la naturaleza arbitraria de un régimen que se resiste a implantar reformas que legitimen la soberanía del ciudadano en el usufructo de una serie de prerrogativas, hoy secuestradas por el partido de gobierno. Ofende que un grupo de oficiales del Ministerio del Interior siga haciendo uso de la potestad de autorizar quien viaja al exterior y quien no lo puede hacer. Para las inexorables denegaciones o angustiantes retardos, que también suelen concluir en la no concesión del permiso, nunca hay justificaciones mínimamente comprensibles, solo sentencias confirmatorias de lo aprobado al calor de la abyección y la impunidad. Los que dudaron en las promesas de Raúl Castro de revisar las leyes migratorias en el año precedente, no estaban lejos de una realidad que ahora vemos de manera más nítida. Es oportuno convencerse de que esas normativas son parte de la arquitectura coercitiva sin la cual hubiese sido imposible la consolidación de un sistema con medio siglo de gestión ininterrumpida. A golpe condicionamientos es que se han establecido las unánimes validaciones de las propuestas gubernamentales y toda la parafernalia legitimadora de un apoyo masivo sin nada, o muy poco que ver, con la espontaneidad. “Si quieres salir o entrar, pórtate bien”, es el eslogan escrito con tinta invisible en la mente de cada cubano. En un país en que un significativo por ciento de la población elegiría domiciliarse en otras latitudes o bien hacer una larga estancia, con boleto de regreso, a partir de una invitación cursada por algún amigo o familiar; es lógico que las personas opten por expresar públicamente su adhesión a las políticas instrumentadas por el partido comunista. No al azar se dice que Cuba es un gran teatro, con un elenco capaz de adoptar las características de los personajes más disímiles. Las circunstancias exigen una versatilidad histriónica sin fisuras. En concordancia con el tema tratado en este artículo, un fallo podría convertirse en la negación del permiso de entrada(o de salida). Hay que mantener a raya los deslices ideológicos u otras infidelidades. No se puede olvidar que los nombres en la lista negra son anotados con letras mayúsculas y a prueba de borrones. A pesar del ambiente poco alentador, no todos los cubanos han perdido las esperanzas de que ocurran sustanciales reformas migratorias en el transcurso del 2012. Es envidiable tal tendencia al optimismo frente al compacto muro de la intransigencia y el pedestre sonido de los cerrojos. Esperemos por la contraorden que revierta el color mustio de las perspectivas. El derecho a viajar sin restricciones debe ser aprobado, sin más demoras. Urgen transformaciones medulares que nos devuelvan el estatus de ciudadanos. ¿Accederá Raúl Castro a intensificar la prisa y a acortar las pausas de las reformas?
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