Viajes Truncos
Jorge Olivera Castillo
“Señores, aquí se terminó el viaje” .La advertencia fue el acicate para la ola de protestas. El ómnibus estatal se había quedado sin combustible. Tras propinarle un pisotón al freno, el chofer voceó la noticia que nadie imaginaba pudiera ser cierta. Joseíto, el vecino que me relató el percance, pensaba que era una broma de mal gusto, pero apenas un par de minutos después, pudo confirmar la veracidad del hecho. “¿Usted me puede explicar el porqué de este problema? .No entiendo que haya escasez de petróleo si Hugo Chávez lo está mandado por tuberías”, hiperbolizó alguien desde el tumulto, que aun se mantenía tenso dentro del vehículo articulado. “A mí no me pregunten. Mi función es manejar. Lo demás no me preocupa”, respondió el chofer con cara de pocos amigos. Joseíto me contó que esa respuesta fue el detonante de la furia ciudadana. La sobriedad y la cortesía se disolvieron en un mar de increpaciones. El aludido respondió con la misma agresividad. Incluso conminando a uno de los pasajeros a liarse a puñetazos en la vía pública. Por suerte, según los pormenores brindados por la fuente, no hubo que lamentar un altercado de graves consecuencias. Finalmente las personas abandonaron el ómnibus no sin lanzar advertencias de denunciar el caso en la estación policial más cercana, en las reuniones de rendición de cuentas del Poder Popular o ante el mismísimo Consejo de Estado, con copia al Ministro de Transporte. Por supuesto, que como en toda refriega verbal, no faltaron las groserías y los gestos obscenos que acompañan a este tipo de filosofía underground, tan extendida en Cuba y en constante auge al margen de los spots televisivos que llaman al rescate de la educación formal y cívica. Este viaje interrumpido no es una excepción dentro del panorama actual. Aunque no se podría decir que es la norma, sí es preciso reconocer que de manera periódica ocurren para disgusto de las personas, sin otras alternativas a través de las cuales cubrir los itinerarios distantes, bien por necesidad o por placer. Algunos choferes de ómnibus alegan que estas situaciones se producen a raíz de la racionalización en las asignaciones de petróleo en las respectivas terminales con el objetivo de elevar los niveles de ahorro. Existen rumores bastante creíbles que parte de las entregas para garantizar este servicio, son vendidas en el mercado negro a los transportistas particulares. Con el aumento de la demanda de petróleo a partir de la legalización de esta labor, es de esperar que no pocos viajes terminen antes de lo debido. Las tentaciones de jefes y empleados en apropiarse de un porciento del combustible, no van a mermar fácilmente, a pesar de los riesgos. Entonces, sería prudente prepararse para escuchar, quizás más de una vez, el fatal anuncio de: “Señores, aquí se terminó el viaje” como antesala de altisonantes discusiones y trifulcas, que por su fiereza, necesitarán de la intervención de la policía.
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