Juanes y su concierto
Carlos Saladrigas*
Aparentemente, elementos inmovilistas dentro de la dirigencia del régimen castrista le adelantaron a la prensa internacional la noticia de que el cantautor Juanes planeaba un concierto en Cuba. Los recalcitrantes de adentro, al igual que los de afuera, no quieren que este concierto se lleve a cabo. Realizarlo conlleva riesgos al hermetismo del régimen, un hermetismo que con tanta ligereza algunos sectores del exilio les ayudan a mantener. Al igual que cuando la visita del Papa y otras pocas ocasiones similares en que al oprimido pueblo cubano se le abre una pequeña ventanilla al mundo libre, desde la comodidad del exilio somos muy rápidos para juzgar anticipadamente y cerrarle la puerta de antemano a estas escasas oportunidades de apertura. Yo lo viví durante la visita del Papa. La mía fue una de las voces que abogaron por que se cancelara el crucero que planeaba llevar miles de feligreses desde Miami a Cuba, y lo logramos. Tras ver esos días de relativa apertura en Cuba durante la visita del Papa, me arrepentí profundamente de haber estado en su contra. No debemos volver a cometer el mismo error. Yo desconozco las intenciones de Juanes en llevar a cabo este concierto en Cuba. Es posible que simplemente busque más fama y publicidad, pero también es posible que lo haga con la mejor intención de buscar un poco de apertura para los cubanos y de llevar un mensaje de amor, reconciliación y solidaridad con el pueblo de Cuba. No sabemos qué va a cantar, pero en su repertorio hay canciones que llevan un mensaje poderoso de libertad, solidaridad y esperanza. Por su trayectoria sabemos que es un luchador por la paz, y su música es querida y apreciada por la juventud hispana en todos los rincones del mundo. Es precisamente porque atrae a la juventud cubana, que tienen tan pocas oportunidades para saborear el mundo de afuera, que su concierto en Cuba adquiere tanta importancia y abre tantas posibilidades. En vez de cerrarle la puerta en la cara, pudiéramos pedirle a Juanes que no se olvide de enviarle a ese pueblo un mensaje esperanzador de sus hermanos en el exilio. Le podemos pedir que no acepte restricciones por parte del régimen en qué decir y qué cantar. Le podemos pedir que le envíe a nuestro pueblo un abrazo caluroso de los muchos artistas cubanos del exilio a quienes el régimen les prohíbe la entrada al país. Es también posible que el régimen esté esperando lo que ha sido siempre su fórmula segura: dejar que el exilio haga su trabajo sucio. Si Juanes cancelara este concierto por temor a las presiones del exilio, solo ganaría el régimen al volver a caracterizar al exilio cubano como intolerante y recalcitrante, y de ñapa, eliminarse el riesgo que conlleva el concierto. Si contrariamente, el exilio actuara prudentemente, es hasta posible que sea el propio régimen el que cancele el evento, con el precio político que eso por su parte conlleva. s hora de abrirnos al pueblo de Cuba y de poner su bienestar por encima de dañar al régimen. Ya no es ni creíble, ni sostenible, que nos aferremos como exilio en ser el árbitro de lo que es bueno o malo para Cuba. Para eso están las voces de los cubanos en la Isla, de los disidentes, de los blogueros, de las iglesias y del mismo pueblo. No nos olvidemos que la historia de prácticamente todas las transiciones europeas fueron precedidas por numerosos intercambios culturales y artísticos. Espacios de apertura como el que ofrece Juanes ayudan a quebrantar las estructuras totalitarias y represivas. La gran lección de estas transiciones es que ocurren paso a paso. Si aprendiéramos a aprovechar los espacios que de forma incremental ofrecen los regímenes decadentes, quizás podamos contribuir a acelerar la tan necesaria e inevitable transición. *Co-presidente del Cuba Study Group.
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