Cuba y las Ballenas
Carlos Saladrigas (El Nuevo Herald)
Pronto se cumplirán 50 años del triunfo de la revolución cubana y nos aproximaremos al 50mo aniversario del fracaso de una política dedicada a derrocarla. No hay duda de que llegará el día que Cuba cambie, y quizás entonces los que aún quedemos cantaremos victoria. Pero la inevitabilidad del cambio con el paso de los años difícilmente se podrá considerar como la vindicación de una política estática por casi medio siglo. Las consideraciones éticas del inmovilismo son aterradoras. Para nosotros en este lado del charco la espera, aunque dura, es pasable, pues vivimos en libertad y en abundancia. Para los cubanos del otro lado un año más de espera es muy duro, y para los cientos de encarcelados injustamente es inaceptable. No podemos eludir que tenemos una gran parte de la responsabilidad por el inmovilismo. Cambiar no es fácil, y mientras más viejos nos ponemos más difícil se hace. Esto se aplica aquí y allá. Para algunos el cambio es inconveniente. Algunos ilusoriamente pretenden controlarlo. Otros le temen. Hay muchos aquí que viven por Cuba, pero hay algunos que viven de Cuba. Allá, como aquí, hay muchos que se aferran al inmovilismo porque es lo único que les garantiza la supervivencia. Yo era de los intransigentes. Cuando la visita del Papa a Cuba, luché para que se suspendiera el crucero que la arquidiócesis quería contratar para llevar feligreses exiliados a Cuba. Lo logramos, pero fue una victoria pírrica. Hoy me pesa. Mientras tanto los años pasan y seguimos aislados de nuestro pueblo. Sé que hay algunos iluminados absolutamente convencidos de que poseen la verdad, y que todos los que cuestionamos su inmovilismo somos considerados herejes vendepatrias. Pero para mí no hay estrategia tan clara ni tan cierta. Agonizo ante la posibilidad de estar errado. Sin embargo, mi experiencia como empresario me obliga a buscar resultados, correr riesgos e intentar nuevas estrategias. Prominentes líderes mundiales que han sido, y son, amigos de la libertad de Cuba, como Walesa, Havel, Aznar, Arias, Zedillo, Castañeda y el Papa Juan Pablo II, nos han dicho que el aislamiento de Cuba y el embargo son contraproducentes. Hasta los países más solidarios con nuestra causa, como la República Checa y Polonia, votan año tras año en la ONU contra el embargo. ¿Será posible que estemos equivocados, o será que nosotros estamos en lo correcto y el resto del mundo equivocado? Esto me recuerda el chiste de un hombre que estaba constantemente haciendo un chasquido con sus dedos. Al fin lo llevan al psiquiatra, quien le pregunta que por qué lo hace. El hombre, muy sorprendido y hasta molesto por una pregunta que le parecía tonta, le responde: 'Pues para espantar a las ballenas'. El psiquiatra, con una sonrisa algo cínica, le vuelve a preguntar: '¿Pero usted no se da cuenta de que aquí no hay ballenas?'. A lo que el hombre le responde categóricamente y con absoluta convicción: ``¡Gracias a mí!'. Gracias al inmovilismo el régimen sigue en pie. Seguimos en la misma estrategia, nos golpeamos el pecho y pasamos un año más. Quizás eso haga que algunos se sientan bien. No hay duda de que a Fidel le agrada. Hace un par de años cené en Madrid con una persona que había sido enviada a Cuba por el presidente Felipe González para desarrollar un plan de transición tras la caída de la Unión Soviética. Me contaba que, hablando con un alto funcionario cubano, le preguntó si estaba consciente de que las reformas planeadas pudieran causar que EEUU levantara el embargo, a lo que el funcionario cubano le respondió: ``¡Si hacen eso nos la pondrían en China!' Para el régimen cubano la confrontación con Estados Unidos ha sido su fuente principal de legitimidad, tanto interna como externa. Ha hecho de Fidel Castro un héroe, y él ha sido muy diestro en crear crisis cuando se ha enfrentado a presidentes estadounidenses que buscaban un relajamiento de la relaciones con Cuba. Sin la confrontación y sin el embargo, ¿cómo se le explica al pueblo la continuidad de un sistema incapaz siquiera de producir suficientes alimentos? No hay duda de que los dirigentes cubanos han de estar muy nerviosos ante la imprevisibilidad de cómo va a actuar el presidente Obama y ante la inconsistencia que le presenta un presidente americano negro al discurso propagandístico de la ya muy gastada revolución. Los precedentes históricos contra el aislamiento son abrumadores. En un estudio de 28 transiciones de países comunistas no hay un solo caso donde se usaron políticas de aislamiento como la de Cuba, ni un solo caso en todo el mundo (ni siquiera Sudáfrica) donde políticas como la de Cuba hayan tenido éxito en producir una transición democrática. ¿No tendría sentido intentar aquello que dio resultados en 28 transiciones, o es mejor seguir aferrados a una política que no ha dado resultados en ninguna parte? El aislamiento es el oxígeno de los regímenes totalitarios. Ofrecérselo es ayudarlos a mantener el poder. En su libro La curva J, Ian Bremmer describe cómo el aislamiento permite a los sistemas totalitarios mantenerse estables. Demuestra que hay una correlación inversa entre la estabilidad y la apertura, y que políticas de apertura hacia regímenes cerrados les causa inestabilidad y los obliga a cambiar, como fue el caso de la Unión Soviética. En Miami nos preocupamos más de la conclusión del cambio que de su comienzo. La transición no la podemos micromanejar ni desde Miami ni desde Washington. Las transiciones son microprocesos que comienzan una persona a la vez, una familia a la vez. Cada individuo, dentro o fuera de Cuba, es capaz de ser agente de cambio. Para los humanos, el cambio al detalle es más fácil de digerir que el cambio al por mayor. Creo que sería prudente hacerle una revisión a fondo a lo que ha sido una política ineficaz. Es hora de abrirnos hacia Cuba y dejar que entren los vientos del cambio. La apertura reduce la dependencia en el estado y trae contactos, información, recursos y esperanza, elementos que necesita un pueblo para ser los protagonistas de su propio futuro. ¿Buscaremos nuevas estrategias o seguiremos espantando a las ballenas? Carlos Saladrigas Codirector del Cuba Study Group.
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