Cuba está lista
Fredo Arias King*
Si hubiera tal cosa como la "preparatividad" o nivel de preparación para una transición exitosa de una dictadura comunista, Cuba sería un caso casi modelo. Juzgando en base a lo que hemos aprendido de los ya 30 países pos comunistas (que, debido a su amplia diversidad, de hecho sí se pueden comparar a Cuba) y cómo les ha ido, podemos dibujar un panorama bastante optimista. Los ocho ingredientes del probable éxito incluyen: Una nación. A aquellos países que son en gran parte mono-étnicos en la Europa y Eurasia pos comunista les fue mejor en sus transiciones. Los eruditos especulan en cuanto al porqué, pero se debe básicamente a que es más fácil para las élites comunistas practicar el principio de divide et impera cuando gobiernan a varios grupos étnicos, tal como hizo el déspota serbio Slobodan Miloąević contra los albaneses en Kosovo para lanzar su carrera a las grandes ligas. Aunque formada por varios colores y sabores, Cuba se considera una nación. Esto permitirá, cuando se de la oportunidad, de que el pueblo cambie a sus gobernantes sin la preocupación de una lucha étnica interna, como sucedió en Yugoslavia, Georgia, Azerbaiján y otros países poli-étnicos. Este hecho puede poner a Cuba en la misma liga que Hungría, la República Checa, Lituania, Polonia y otros países donde hay una nacionalidad titular dominante y una tradición de Estado —y una transición exitosa del comunismo. Represividad del régimen. El género altamente represivo del régimen cubano actuará como un bumerang para sus autores. Será un factor que permitirá la unidad en las fuerzas democráticas ya ascendidas al poder, en la cuestión importante de excluir a las previas elites del gobierno. De todas las reformas adoptadas por los líderes de transiciones, éste resultó ser el más crucial en retrospectiva. La represividad del régimen comunista hace justicia del axioma bíblico que "los últimos serán los primeros." Aquellos países con los regímenes más draconianos y estalinistas, tales como la Checoslovaquia de Gustav Husák y la Estonia soviética, también tuvieron las transiciones más acertadas. La razón fue que hubo poca historia de convivencia y negociaciones entre el régimen y sus opositores cuando el partido comunista empezó a derrumbarse, permitiendo que los disidentes una vez en el gobierno desmantelaran el régimen anterior con gusto. Donde los regímenes no fueron tan represivos hacia el final de su existencia, como por ejemplo en Polonia durante las negociaciones de la mesa redonda, la Hungría de Gyula Horn, y la URSS del glasnost y la perestroika, muchos disidentes allegados al poder tuvieron el síndrome de "bueno, a-fin-de-cuentas-estos-fulanos-no-son-tan-malos-después-de-todo" y acabaron incluyendo a varios de ellos. Aunque este traslapo y negociaciones facilitaron hasta cierto punto la liberación del comunismo, también probó ser contraproducente, puesto que el régimen sobrevivió por debajo de la fachada democrática e hizo reapariciones espectaculares en todos los casos: 1993 en Polonia, 1994 en Hungría y 2000 en Rusia, entre varios otros. De cierta manera, la obduración de Fidel Castro y ahora su hermano está haciéndole un favor a los futuros reformadores cubanos. Habrá pocas voces en la isla a favor de dejar las élites comunistas o sus privilegios en su lugar. Sociedad civil y élites alternativas. El éxito en Europa Oriental también se dio en aquellos países en donde las fuerzas democráticas contaban con cuadros concretos formados durante la oposición, y estaban por lo tanto listos para tomar las riendas del gobierno. Donde el sistema comunista se acabó pero sin una oposición civil constante y organizada (como en Asia Central), los comunistas encontraron la tarea fácil en permanecer en el poder con nuevas denominaciones —tales como "demócratas" “patriotas" o "nacional-socialistas.” Por otra parte, en Polonia, Solidaridad contaba con diez millones de miembros en su ápice; el Comité de Karabakh en Armenia también tenía hacia arriba de 100.000; S±jūdis en Lituania quizás otros 200.000; etc. Bajo circunstancias muy represivas, el Proyecto Varela se las arregló para obtener sobre 20.000 firmas, que es significativo. En la Checoslovaquia semejantemente represiva, Carta 77 contaba con un décimo de esa fuerza. A fin de cuentas, sin embargo, eso fue más de lo que Václav Havel necesitó para formar un buen gobierno. A los principales disidentes cartistas los hizo ministros después de la transición. Diáspora activa. Mientras que la mayoría de los analistas curiosamente consideran esto un fenómeno negativo en el caso cubano (que repite la propaganda oficial del régimen), las diásporas de hecho proporcionaron muchas ventajas para sus naciones cautivas y su transformación —pero solamente cuando aceptaron su papel secundario en los gobiernos genuinamente democráticos. Las diásporas proporcionaron muchos expertos en varios rubros que las fuerzas democráticas domésticas carecían. Por ejemplo, los expertos americanos, canadienses y europeo-occidentales de origen báltico crearon a los servicios militares y de seguridad de los nuevamente independientes países bálticos. La privatización más acertada, Estonia, fue obra de un estonio-sueco que por cierto también había sido el gerente del grupo musical ABBA en los años 70. En Ucrania, los compatriotas que volvían (incluyendo la esposa del actual presidente Viktor Yuschenko) jugaron papeles importantes en la sociedad civil, en el entrenamiento y en la construcción de su joven nación, ya que no sólo traían habilidades que escaseaban domésticamente, sino que ellos resguardaban los valores y tradiciones nacionales ucranianos que habían sido casi enterrados por la política de rusificación y sovietización a partir de Lenin y Stalin. Madeleine Albright, quien presidió como secretaria de estado de EUA la incorporación de Polonia, la República Checa y Hungría a la OTAN en 1999, había sido la directora de la Sociedad Checoslovaca de América y había ayudado a disidentes durante la época comunista. La diáspora armenia desempeñó un papel positivo, pero algunos de sus elementos más nacionalistas intervinieron demasiado directamente en la política doméstica durante la presidencia de Levon Ter Petrossian, sobre todo en torno a sus intenciones de normalizar relaciones con Turquía. Pero éste es virtualmente el único ejemplo de conflicto entre un gobierno democrático y una diáspora. En el resto, las diásporas ayudaron no sólo a liberar, sino a consolidar los logros pos comunistas. La gran diáspora cubana es una república invisible (haciendo eco del libro de Orlando Gutiérrez) que tiene gran capital humano, cívico y monetario, y mientras entienda que el suyo será un papel de soporte a las fuerzas domésticas en la transformación que viene, las cosas deben resultar más que bien. Geografía e historia. Fue más difícil para los nuevos estados consolidar correctamente la democracia y las reformas económicas después de su liberación. Mientras que los checos, estonios, polacos y húngaros tenían las memorias de sus soberanías pre comunistas (mas las constituciones y códigos legales de estas), en Eslovaquia, Ucrania, Moldova, Tayikistán, entre otros sin memorias anteriores de soberanía o Estado independiente, las élites comunistas pudieron secuestrar la transición puesto que el tema de construcción de Estado fue considerado como prioritario sobre el de construcción de democracia. Cuba por supuesto pertenece al primer grupo, y, aunque tarde para América Latina, tuvo una historia independentista, una constitución liberal, y una identidad propia que puede ayudarle a navegar una transición acertadamente. Cuba es un país occidental en el sentido geográfico y cultural. Idealmente, podrá utilizar su transición para navegar su salida no solamente del comunismo, pero también del también pernicioso latinoamericanismo —descrito tan bien en el Manual del perfecto idiota latinoamericano o bien en el más reciente Intento de psicoanálisis del homo hispanicus. La mayoría de los países de Europa Central utilizaron su transición del comunismo para también reinventarse como países y escaparse del perfecto idiotismo del centroeuropeo. En el período entre las dos guerras mundiales (cuando estos países cobraron su independencia), la única democracia al este de Suiza era la Checoslovaquia de Tomáą Masaryk. Sin embargo, hoy hay más de una docena de democracias en la región. Otro tema es la geografía, y Cuba también se compara favorablemente. Las geografías desafiadoras pusieron a algunos reformadores en desventaja en la Europa pos comunista. Un caso fue el de Philip Dimitrov, el Havel búlgaro, que hizo lo mejor que pudo para reformar la economía, pero con grandes desafíos puesto que su país resultó caer del otro lado de Europa, separado de los principales mercados por la guerra civil yugoslava. Otro caso fue el de Hrant Bagratyan, quien como primer ministro implementó reformas radicales en Armenia, las cuales tuvieron éxito relativo a pesar de una de-facto guerra con Azerbaiyán y su aislamiento y bloqueo por Turquía, y cuya única salida al mundo efectivamente era Irán (peor vecindad es difícil imaginarse). Al contrario de estos casos, Cuba está bendita geográficamente: Una isla rodeada de países amistosos y en paz, incluyendo la economía más grande del mundo. Con suerte, Cuba no tomará este factor favorable como hecho, ya que podría perder la disciplina reformadora, puesto que un período de rápido desarrollo económico anual está virtualmente garantizado sea la forma de transición que sea. Estructura económica. Cuba no es un país industrializado, desemejante de varios de los regímenes comunistas de Europa Oriental. Cuando los gerentes comunistas (los llamados “directores rojos”) se adueñaron de las grandes industrias en aquellos países industrializados gracias a privatizaciones corrompidas y defectuosas, crearon un fuerte lobby financiero y político para afectar negativamente subsecuentes reformas que pudieran erosionar sus privilegios y oligopolios, esencialmente privatizando el Estado y evitando que las empresas genuinas emerjan como competidores. En el caso de Cuba, aun si las élites comunistas se privatizan a sí mismas las pocas industrias, y aun si el nuevo gobierno reformador tolera esto y no le da revés (que no es difícil hacer al comienzo de una transición), probablemente surja de todos modos una nueva economía que sobrepase la vieja base industrial rápidamente, permitiendo que los nuevos empresarios acumulen su capital pero sin un proyecto político infame. Una economía diversa evitará una re-imposición de las viejas élites, que podrán aun en el mejor de los casos tener una ventaja inicial en la nueva economía pos comunista (como siempre sucede), pero dadas las reformas correctas subsecuentes, esta ventaja artificial se erosionará. Una comunidad internacional preparada. Cuba no sólo será la única transición de su categoría cronológicamente (a menos que Corea del Norte casualmente también se colapse al mismo tiempo), de tal modo recibiendo el enfoque y la atención que necesita, pero también la comunidad internacional está preparada mucho mejor de lo que estaba en 1989-91 para asistir. En aquel entonces, el número abrumador de países que se liberaban de comunismo en Eurasia simultáneamente excedió la capacidad del Occidente y a las organizaciones multilaterales, los cuales en cualquier caso estaban poco preparadas para asistir. A fin de cuentas, solamente aquellos países afortunados de tener una diáspora escandalosa o amigos en lugares muy altos en el Occidente, pudieron conseguir una módica asistencia. Hablando con los líderes de transiciones de aquella época, es sorprendente aprender lo solitarios que estaban, a menudo abandonados por los protagonistas exteriores principales que en teoría debieron haberlos ayudado. Cuál es peor, la comunidad internacional estaba confundida en cuanto a qué hacer, y daba consejos contradictorios. El Fondo Monetario Internacional de hecho le recomendó a los estonios no salir de la zona del rublo ruso (ese consejo cayó afortunadamente en oídos sordos). Otros les dijeron no conducir una purga de las viejas élites. Increíblemente, el gobierno reformista de Yegor Gaidar en Rusia en 1992 no consiguió ninguna ayuda para su transformación del gobierno americano del Presidente Bush padre, aunque este sí la proporcionó (apenas) a Polonia. Ahora sin embargo, está mucho más claro lo que se debe hacer. Un grupo de ex líderes de transición formó el Comité Internacional para la Democracia en Cuba para proporcionar su experiencia, y en los Estados Unidos se formó una oficina especial en el Departamento de Estado dedicada a la transición cubana. Fuerzas izquierdistas no comunistas. Las transiciones más acertadas de Europa Oriental comenzaron con un gobierno formado por una mezcla de la derecha democrática con liberales clásicos y patriotas anticomunistas. Sin embargo, a los demócratas la mayor parte del tiempo se les olvidó también tomar el espacio a la izquierda del espectro político, así permitiendo que los comunistas cínicamente se renombren "social-demócratas" y esperen que el péndulo político les vuelva a entregar el poder, como inevitablemente sucedió en Polonia, Eslovenia, Lituania, Bulgaria, Azerbaiyán, Hungría y Albania. Sin embargo, aquellas fuerzas democráticas que también formaron un partido social-demócrata genuino de entre de sus filas (una vez más, los checos y estonios) evitaron que vuelvan los ex comunistas (quienes siguen siendo estalinistas y marginados), presenciando solamente una alternación sana entre los demócratas centro-derechas y centro-Izquierdas. Cuba también cuenta con algunas fuerzas social-demócratas genuinas, tales como el partido liderado por Vladimiro Roca, ex preso político. Si los demócratas cubanos se las arreglan para entender que la liberación no es el final, sino sólo el comienzo, de una transición, ellos (de todas las ideologías) deben continuar coordinándose para totalmente drenar el pantano comunista, y una vez logrando esto, entonces ya empezar a luchar entre ellos sanamente según contempla la constitución y el sistema democrático ya purificado. Lo peor que puede suceder —que desafortunadamente fue lo típico— es que los demócratas empiecen a dividirse y pelearse enseguida de la liberación pero antes de que se disuelvan los vestigios tóxicos del régimen anterior. No era inusual ver a ex aliados políticos democráticos usando los servicios secretos comunistas para tomar ventaja de corto plazo en sus luchas fraticidas. Idealmente, la izquierda y derecha democráticas en Cuba se darán cuenta que pueden apoderarse del espectro político en su totalidad para sí mismos, y así relegar a los comunistas al cenicero de la historia. Conclusión Estos factores —con voluntad y algo de suerte— deben ser suficientes para asegurarnos de que a fin de cuenta, Cuba tendrá una transición exitosa luego de que el régimen se quebrante y haya una transición. Los hermanos Castro y su régimen han ciertamente aprendido las lecciones del derrumbamiento de sus camaradas, y están probablemente enterados de lo precaria que es su situación una vez que se les acabe el tiempo. Al contrario de Polonia, donde los comunistas (renombrados) siguieron siendo una fuerza en la política, los comunistas cubanos probablemente acaben como sus camaradas checos y estonios. Sin embargo, hay una trampa importante de la cual los cubanos y sus amigos necesitan cuidarse, que es el sistema presidencial. Esto puede ser dañino para las transiciones, puesto que el presidente después de la elección llega a dejar de rendirle cuentas a sus aliados y puede ser cooptado fácilmente por las élites garrapata que buscan favoritismos especiales, incluyendo aquellas provenientes del régimen anterior. Las transiciones más acertadas de Eurasia fueron sistemas más parlamentarios que presidenciales. Un primer ministro que no satisface a sus aliados puede ser destituido de su cargo en cualquier momento, y esto lo mantiene enfocado y leal a la causa original. Los presidentes, por el contrario, se transforman en cautelosos y ambiciosos “padres de la nación” y comienzan a distanciarse de sus aliados y plataformas originales. Algunas de las oportunidades más desperdiciadas en transiciones fueron sistemas presidenciales: Boris Yeltsin, Viktor Yuschenko, Emil Constantinescu, Vojislav Koątunica, Ebulfez Elçibey. Estos presidentes actuaron muy semejantemente a Violeta Chamorro en Nicaragua y Vicente Fox en México, dejando el régimen anterior intacto, implementando mínimas reformas y perdiendo otras oportunidades que los convirtieron en fósiles políticos y congelaron eventualmente a sus países en un limbo mediocre. En todos estos casos, retornó el régimen anterior o estuvo a punto de hacerlo. El único sistema presidencial que condujo una transición acertada fue la Checoslovaquia de Havel (1989 a 1992). Pero Havel es único en varios aspectos, y debemos asumir que esta fue la excepción que comprueba la regla. Desafortunadamente, lo más probable es que Cuba se convierta en un sistema presidencial y uno puede conjeturar que el nuevo líder no actuará como Havel, sino como Yuschenko, en el peor (pero típico) de los casos. Pero aun si el nuevo presidente se convierte en otro Fox, de cualquier forma cualquier cosa es mejor que el sistema actual. Después de todo, incluso algunos países caracterizados por transiciones secuestradas alternadas con reformadores débiles, tal como el dúo patético de Iliescu-Constantinescu en Rumania, eventualmente entraron en la Unión Europea. Mientras lejos de ser como Estonia, Rumania ciertamente está mucho mejor de lo que estaba bajo Ceauşescu. Incluso una transición fallida es mejor que ninguna transición para Cuba. En cualquier caso, los factores a favor del éxito deben de ser tomados en cuenta, porque Cuba ya está más que lista para una transición acertada. Aquellos que están luchando por ella deben tener la confianza de este hecho y actuar con decisión. * Fredo Arias King es el fundador de la revista académica Demokratizatsiya: The Journal of Post-Soviet Democratization, publicada desde 1992 en Washington. Obtuvo dos maestrías en la Universidad de Harvard en EUA y es miembro vitalicio de la asociación mundial de sovietología. Fungió como consejero de tres campañas presidenciales del Partido Acción Nacional en México. También ha asistido a las fuerzas democráticas de Moldova, Rusia, Perú, Cuba, Belarús, Armenia y Ucrania. Ha publicado dos libros, el último siendo Transiciones: Las lecciones de Europa del Este (Buenos Aires: CADAL, 2005). Una versión anterior de este artículo fue publicada en el sito web del Instituto Lech Wałęsa (www.solidarnizkuba.pl/en)
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