Nosotros los Cubanos
Franco Baptista
Nosotros los cubanos de más de 35 años, los que de a pie hicimos el socialismo, los que dejamos los sueños en los camiones de las movilizaciones, tenemos derecho a que nos oigan. Miami - Mi nombre no es importante, la situación de mi país, sí. Los que tenemos más de 35 años, aquellos que vivimos los gloriosos momentos de la efervescencia revolucionaria y que pusimos todo en juego por un futuro mejor, como si fuera un juego, y nos jugamos la vida en Angola, en Etiopia, Zaire, el Congo y muchos lugares más, los que bebimos con lagrimas aquellas palabras apocalípticas del conocido locutor, cuando los sucesos terribles de Granada: No se escuchan disparos en la parte cubana, el último reducto de cubanos acaba de inmolarse junto a su bandera. Los cubanos de a pie, los que hombro con hombro y una sonrisa en el rostro, confiados,fuimos movilizados a la cosecha del café, la zafra de la caña de azúcar, a recoger mangos, papas, tomates, o a sembrar lo insembrable que nunca creció. Los hijos de la doctrina del sí y el no, que dijimos siempre sí, porque sí significaba defender lo nuestro y nunca no, porque el no era signo de traición y debilidad. Los jovencitos de entonces que a pesar de las prohibiciones para oír a José Feliciano, a los Beatles, a Julio Iglesias y Roberto Carlos, nos íbamos a hacer guardia y formábamos parte del PPI (Plan de Preparación de Ingreso para la Juventud Comunista) o no, pero íbamos igual a las guardias y a las concentraciones. Los que tirando huevos o no vapuleamos y coreamos: “todo el que se quiera ir que se vaya” o “pim pom fuera abajo la gusanera”, confiados en que “el futuro pertenecía por entero al socialismo” y que éramos dueños de una herencia partidista que supondría como pago al esfuerzo inevitablemente un mañana mejor. Una comprensión dialéctica de las cosas y los hechos. Los que estudiamos esa misma dialéctica marxista, en la universidad a veces insondable, pero siempre necesaria, porque constituía la base de aquello que estábamos construyendo: un sistema donde el hombre no era el lobo del hombre. Los que fuimos a estudiar a la URSS, los que aprendimos en la universidad que la política es la expresión concentrada de la economía y no al revés. Los que nunca supimos del quinquenio gris, o los que lo supimos y no nos importó, pues no lo entendíamos. Los que nos disparamos las películas rusas y los animados de igual factura, que criticábamos a sotto voce, pero siempre confiados en que nos podían oír y agradecer los de arriba, cuando gritáramos que algo andaba mal, al fin y al cabo nos habíamos ganado con nuestro sudor la igualdad y no por un escaño en el proceso real de toma de decisiones, en un proceso único en América. Los que nunca supimos hasta que sucedió, porque se cayó el campo socialista. Los que nunca nos ganamos un carro, o una casa o un viaje a la Unión Soviética, o los que lo hicimos y creímos que eso era todo, lo máximo, inmersos en la euforia, simplificando e ignorando la mayoría de las veces que ese auto, o esa casa, no podían venderse a otros si así lo necesitábamos, que el viaje no podía ser a París o Madrid, sino a Moscú o Leningrado. Nosotros los que orgullosos construimos el socialismo y quemamos miles de imágenes yanquis, los hijos de los que rechazaron a los mercenarios de Girón, crecimos, estudiamos y fuimos dúctiles al cambio, hasta donde pudimos. Aprendimos marketing, computación y seguimos hasta hoy venciendo maestrías y doctorados que nos hacen creer que vamos hacia delante. El sistema socialista nuestro posee como base y estructura de ejecución un elemento psicológico críticamente estructurado con un vigor y un anclaje que lo hacen casi monolítico. Este complejo psicológico armatoste que ayudamos a construir es perfecto. Es un proceso que copa mentalmente las pretensiones de los hombres porque está basado en la fe y el agradecimiento, el temor a la condena y la arenga política contra un enemigo poderoso y real. Es un sistema de ideas, donde las batallas dan por sentado en nuestra mente que estamos en constante guerra contra todos y por tanto en permanente peligro y amenaza. Hemos batallado por el 6to, por el noveno y el 12vo grado, por el regreso de Elian, por los cinco y por mil cosas más que ahora no recuerdo. No es por la enfermedad repentina del líder, ni por la conducción sabia o no de quienes le siguen, sino por la acumulación de la falta de bienestar, el atiborramiento desmoralizante, y la perdida de los valores. Todo parece estar como antes pero no es así, ahora muchas cosas carecen de razón y el color rosa es sólo un recuerdo doloso de un color blanco sucio. Luego están los hijos: esa preocupación con cuerpo y mente propia que tienes la obligación de educar. Para hacerlo nos adherimos al camino de las buenas costumbres y a la salvadora sentencia del patriotismo y de la fidelidad, pero para entonces hemos perdido de vista al enemigo que ya no es común. Cientos de elementos nuevos atentan contra la integridad de nuestros hijos: la prostitución, la droga, la falta de carácter de los educadores, la decadencia de buena parte de la juventud que no ha sido educada de forma adecuada, el sonido armonioso del capital triunfante ahora que tantos de nosotros no estamos y nos convertimos en el tío que vive en Italia o la hermana que vive en Estados Unidos y que despilfarradores y bonachones les hacemos creer en 15 días de visitas que no es necesario estudiar, que basta con irse de aquí. ¿Cuantos de nuestros hijos desean emigrar? Hace falta mucha valentía política para dar real respuesta a esa pregunta, y causaría mucho dolor (eso espero) ver condenado el futuro del país a la emigración brutal y desmedida. No es que sea un nuevo fenómeno, pero nos pasamos 50 años diciendo que tenemos el mejor sistema del mundo. Bueno, lo cierto es que los que viven afuera de una forma u otra ayudan y los de aquí apenas sobrevivimos. Todos y cada unos de los logros de los que nos vanagloriamos penden de unadébil cuerda. La salud pública es una risible y deteriorada fábula, mientras la mayor parte de esos galenos y enfermeras que están aquí sueñan con una misión humanitaria que les ayude a resolver sus más perentorios problemas económicos. El Tercer Mundo recordará a Cuba por la histórica y solidaria tarea de ayudar a millones de personas en todo el mundo. Sólo 14 millones miraran esa gesta heroica con rencor, y los 3 millones de nosotros que viven en el extranjero doblando el lomo para mandar medicinas y sustento a sus familias. Otro logro innegable es la educación que hemos alcanzado y que con la misma vehemencia hemos casi dejado caer. Nosotros sabemos que en Cuba estudiar no es un problema, pero sólo es una virtud ser universitario, técnico medio o lo que sea que uno estudie cuando realmente se aprende y uno ha ganado su título con el esfuerzo de sus neuronas. En mi país, la alimentación es un problema serio sin vías de solución. ¿Quién no vive cerca de alguien que no estudió, no aportó nada y gracias a las múltiples vías que el cubano inventa para sobrevivir, vive y come mejor que la mayoría? Cientos de miles de universitarios en este país se consumen por un salario irrisorio, mientras algunos con un negocio viven mejor, pero, ojo!, la solución no es quitarle el negocio al otro, sino elevar el nivel de vida del que te aportó más. Nosotros los de a pie, los que creíamos en aquello de cada cual según su capacidad a cada cual según su trabajo, lo hemos visto pasar de largo sin llegar, para ir a sentarse en las piernas del capitalismo. No nos han multiplicado la riqueza, sino que nos han generalizado la pobreza. El socialismo puede construirse por diferentes caminos, pero hay que estar alerta pues el tiempo pasa y muchos esperan a que el río se revuelva, ya que quieren el capitalismo más férreo y están ahí a la diestra y a la siniestra de los que poseen la llave de los truenos, disfrazados, pero ésos están demasiado lejos para nosotros poder advertirles, y habría que ver aun si nos quieren oír realmente. En los intercambios surgidos entre los intelectuales a raíz de aquellos programas de televisión y luego el artículo de Soledad, han puesto a la palestra una serie de cosas que no pueden esperar más. Es preciso el debate abierto, pero será difícil pues el propio sistema lo rechaza, los inquisidores son muchos y a todos los niveles. Muchos en este país aman al bloqueo como aman los oficiales de la defensa civil los huracanes, les es necesario el mal para vivir, para ser alguien, y lo peor es que los hemos alimentado durante todo este tiempo y somos cómplices de ellos. Entonces nos quedamos en el diario luchar la vida, yendo a las reuniones del Partido y del CDR, mientras pensamos en la novela o en qué coño vamos a inventar para comprar una carnecita para comer el domingo. Diciendo en público lo que se espera oír y pensando que esto no sirve, pero hay que seguir PA´lante. Haciendo comentarios con los amigos de verdad. O montamos un negocito de algo y vamos tirando escondidos ahí. Y lloramos con las canciones y reímos con los mismos cuentos de Pepito, o con los show de cualquier cómico de los que aún siguen en la isla. FGB -Un cubano más, escribió este artículo para Kaos en la Red, un Website que circula en todo el mundo
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