|
EXAMEN DE CONCIENCIA: LO POSIBLE Y LO REALIZADO DE LA TRANSFORMACIÓN POLACA
Apuntes fragmentarios de la última conferencia. Moderadora: Katarzyna Kolenda-Zaleska, TVN televisión. Lech Wałęsa, ex-Presidente de Polonia en los años 1990-1995 Stefan Niesiołowski, Presidente de la comisión de asuntos exteriores del Senado de Polonia. Zbigniew Bujak, ex-secretario general del sindicato Solidaridad en la región Mazowsze Profesor Jacek Kurczewski, Universidad de Varsovia Katarzyna Kolenda-Zaleska: Vamos a hablar hoy sobre cómo países como Cuba, cuando ya tomen el camino de la democracia, podrán servirse de nuestras experiencias. Nosotros pudimos evitar una guerra civil, un derramamiento de sangre. Estamos orgullosos de nuestra historia, de como se pasó a un estado de libertad, pero hay que reflexionar sobre lo que conseguimos y sobre lo que no se consiguió: Dónde nos equivocamos y cómo evitar estos errores. Lech Walesa: Al empezar este debate, debo repetir lo que ya dije muchas veces: Si alguien me hubiera dicho hace 50 años que llegaré a ver lo que veo, que viviré en este país en que vivo, no lo habría creído. Pero si incluso alguien me hubiera persuadido, partiéndome la cara, de que será verdad habría sido el hombre más feliz de toda la galaxia. Pero cuando ya cruzado el camino de la democracia veo las ganancias y las pérdidas, las oportunidades aprovechadas y las perdidas, no me siento del todo satisfecho. Recuerden que nuestro papel en aquellos tiempos fue conducir el comunismo a su fin y abrir nuevas posibilidades. Entregarlas después de la victoria a la nación para que las administrara. Tras la victoria tenía que elegir entre conservar el liderazgo con todas mis fuerzas –como hicieron Lenin, Stalin, Castro- o dar al pueblo la victoria y, en cierto sentido, perder como persona. Conscientemente elegí la segunda opción. Pero la nación no estaba preparada, ni había programas de reformas, ni un grupo de expertos preparados. Katarzyna Kolenda-Zaleska: Señoría, ¿qué errores podíamos haber evitado? Stefan Niesiolowski: Estoy de acuerdo con muchas de las cosas dichas por el Señor Presidente. Pero me gustaría comentarles dos paradojas. Y estamos a mitad de los años 60 la sociedad está asustada, no hay esperanzas, ni siquiera se vislumbra la posibilidad de independencia, pero existe el sentimiento de que alguien tiene que empezar a hablar de ello. Así, los veinteañeros deciden crear la organización. Durante el tiempo que se escribió el programa de reconstrucción de Polonia nos encontramos con gente preparada, que sabían de historia. Algunos de ellos conocían la Polonia de antes de la guerra. Y nos decían: “muchachos, tenéis razón. Esto no tiene sentido. ¿Cómo os podéis imaginar esto? Polonia independiente –¡claro que sí! Pero nunca lo logrará. Está la Unión Soviética, la guerra nuclear. Bueno, quizá dentro de 100 años. Iréis a la cárcel, perderéis, arruinaréis vuestras vidas y las de vuestras familias. Dejadlo tal como está porque no tenéis ninguna oportunidad de vencer.” Y tenían razón. No sabíamos responder a la pregunta “¿Cómo tenemos que combatirlo?” No nos atrevíamos ni a escribir que la Unión Soviética caería. Sólo pensábamos en Polonia y que hubiera una democracia según el modelo de Austria. Este era el culmen de los sueños – una Polonia democrática y neutral. Por una parte vivir en Polonia, que pertenece a la OTAN y a la Unión Europea, en Polonia, donde se respetan los todos derechos, donde hay una economía de mercado, donde no hay ejércitos extranjeros; esto es algo increíble. Y cuando todos los días paso por el edificio del Comité Central doy gracias al Señor por conseguir lo que se consiguió y pienso que soy una persona afortunada. Hay también una segunda paradoja. Creíamos a finales de los 80 que la caída del comunismo solucionaría todos nuestros problemas. Lo más importante era que dejaran el poder y el resto sería un juego de niños, porque la sociedad, libre de opresión sabría cómo organizar el estado. Y si alguien me hubiera dicho que en la Polonia democrática alguien como Lepper sería vicepresidente del gobierno, que alguien cuestionaría la teoría de la evolución – y no por eso dejaría de ser ministro, que existiría algo como Radio María; yo me habría reído de él. Habría pensado que eso no es posible, que es una visión horrible del futuro. Pero así fue y éstas son las dos paradojas que responden a la pregunta ¿qué posibilidades había y qué se ha realizado? Sé de los grandes problemas a los que enfrenta Polonia. Hay muchos problemas sociales, económicos y políticos que no sabemos resolver. Pero por lo general defiendo lo que se hizo desde 1989 y me identifico con ello. Por supuesto no creo que todo se hiciera bien pero públicamente lo defiendo. A pesar de todo creo que en Polonia pocos defienden la democracia. Demasiada gente la critica creando un mecanismo de repetición y transmisión. Criticar es muy fácil, pero se hicieron muchas cosas buenas. Leo ahora textos en los que algunos aprendices afirman que era evidente que el comunismo tenía que caer. Me gustaría haber leído algún texto así antes de 1989. Recuerdo una conferencia de 1988 del profesor Brzeziński cuando dijo que en Polonia no era posible la democracia. Dijo con énfasis “no democracy”. Por la relación con Rusia, claro está. Y sólo un año después fui diputado de la Polonia democrática. Katarzyna Kolenda-Zaleska: El Senador Niesiołowski dijo que antes de 1989 nos parecía que el comunismo iba a resolver todos los problemas. Resulta que no. Después de 1989 surgió con mucha rapidez un grupo de descontentos, lo que fructificó en el surgimiento del partido X, en el éxito de Stanisław Tymiński, y también en los actuales éxitos de partidos como el de Lepper o el de Giertych. Preparándome para esta charla leí un texto de hace algunos años de Jerzy Surowicz, que escribe que es necesaria la descomunización, pero la de los fundamentos, la de nuestra mentalidad. ¿Por qué no supimos cambiar esta mentalidad y que decidió que, después de 1989, tan lento avanzamos hacia la verdadera democracia, Señor Profesor? Jacek Kurczewski: No sé qué significa exactamente “verdadera democracia”. Creo que vivo en un país democrático. En gran medida se lo debo a las personas aquí presentes. Creo que la respuesta en parte la encontrará usted en lo que me parece algo positivo y algo negativo. Algo positivo es la libertad. Pero hay algo más allá de la libertad, el ideal de igualdad. Me remito un momento a los análisis porque, claro está, como sociólogo no podría no hacerlo. En 1988 y 1989 realicé una encuesta en la que pregunté si hay suficiente libertad e igualdad. El resultado fue simple. Pero si hablamos de libertad la situación cambió diametralmente. Antes la mayoría decía que no hay libertad pero en 1989 de pronto sí la hay. Pero ¿qué pasa con la igualdad? A todos nosotros nos llegan acusaciones de grupos de la izquierda, según la cual trocamos la igualdad por la libertad. Y en 1988 la mayoría de los polacos decía que no había igualdad. En 1989 este sentimiento de desigualdad social persiste. El comunismo no fue, en absoluto, un sistema de igualdad social. Quedó un inquietante sentimiento de injusticia en lo que se refiere al acceso a los logros del desarrollo social. No voy a entrar en detalles porque no soy economista y por suerte no soy responsable de la conmoción producida por estas transformaciones. Es evidente que se agrava la diferencia de ingresos y, lo que es más curioso, en los últimos años no sólo los más ricos se alejan de los más pobres sino que los parlamentarios y altos funcionarios públicos se alejan de los más preparados intelectualmente. Si pudiera volver atrás cuidaría más la repartición justa de los frutos del desarrollo económico. De una Polonia con cartillas de racionamiento pasamos a una Polonia con tiendas; de una Polonia de terror a una Polonia libre. Sólo que no supimos –y no sabemos- gestionar racionalmente las esperanza que tiene la gente. Esto no es un lastre del comunismo, no es que gente quiera que todos tengan los mismos ingresos. La sociedad quiere tener en lo posible el mejor acceso a los bienes que hay. Zbigniew Bujak: En Polonia se habla de los éxitos y errores de nuestra transformación. La sociedad se lamenta de que este país y su administración no responden a sus expectativas. La gente quería un estado y una administración benévola que les solucionara cualquier problema, con un sistema legal del que no tuvieran miedo, que crea unos servicios que cuiden al ciudadano pero no lo controle. La sociedad se queja del autoritarismo de este estado. Éste es mi análisis. Cuando a los jóvenes que emigraron a Inglaterra se les pregunta si volverán responden contrariados: ¿para qué? - Porque aquí estamos mejor – dicen. Y no dicen que porque allí se viva mejor, que tengan una casa mejor. A pesar del duro trabajo y de muchas dificultades prefieren quedarse allí porque tienen otras posibilidades, mejores. Aquella administración es benévola. Algunas veces no ayuda pero, al menos, te tratan como a una persona. Me quedé impresionado con lo que me dijo un sin hogar. - ¿Volverás a Polonia? - No - ¿Por qué? - Porque aquí me tratan como a una persona y en Polonia, no. A la pregunta “¿por qué es así?” los filósofos, sociólogos y otros analistas de nuestro país responden: esto es autoritarismo, es un síntoma del homo sovieticus. El homo sovieticus explica perfectamente por qué esta reforma en tantos campos no salió bien. Pienso en cómo se llamará este fenómeno en vuestro país, quizá ¿homo fidelus? El homo fidelus es un ejemplo de que intentamos transformar el estado pero queda cierto aire autoritario en el funcionamiento de la administración. Es así y no lo podemos cambiar. ¿Cómo funciona en nuestro país? Hubo en Polonia varias policías: secretas y no secretas. ¿Alguna vez discutimos sobre qué tienen que hacer? ¿Qué papel tienen que jugar en el estado las policías secretas y no secretas? Tienen que velar por la seguridad. ¿Y qué hacían antes? También velaban por la seguridad. ¿De quién? Del poder. Y ahora ¿Por la seguridad de quién velan? ¿Por la del ciudadano? No, el ciudadano se siente en peligro. Es decir, también velan por la seguridad del poder. En conclusión, la esencia de la acción policial no cambió. ¿Qué cambió? El numero de policías es más o menos el mismo. Pero antes trabajaban con fichas y no tenían grandes recursos de control. Hoy tienen ordenadores y las posibilidades de control del ciudadano se multiplicaron por mil. Diré unas palabras sobre el servicio de hacienda. De su modo de trabajo depende el desarrollo de la economía y la creación de empresas. En el control de los impuestos trabaja la misma cantidad de gente que antes. Pero antes una persona controlaba 5-10 empresas. Ahora los funcionarios tienen ordenadores y pueden controlar no 10 sino 1000. Y las controlan en profundidad – comprueban si la empresa funciona legalmente. ¿Según qué legalidad? La cantidad de leyes que tiene que cumplir una empresa es innumerable. Unas diez mil. Es incontable porque siempre encontraremos alguna norma que no habíamos visto, que no habíamos encontrado. ¿Se puede desarrollar una empresa en estas condiciones? La gente, a pesar de tantas dificultades, crean sus empresas pero las barreras son inmensas. Una comparación. ¿Cuánto tiempo es necesario en Inglaterra para registrar una pequeña empresa? De una a dos horas. ¿Y en Polonia? Dos semanas. ¿Por qué tan poco tiempo en Inglaterra? Porque no se pueden permitir desperdiciar las iniciativas ciudadanas. Hay que hacerlo al momento, tienen que eliminarle los obstáculos. Estas dos semanas de nuestro país son el homo sovieticus que nos ha quedado y con el que no sabemos qué hacer. En vuestro país será el homo fidelus, porque seguramente la policía, los servicios también servirán para lo mismo. Otra pregunta. ¿Cuánto cuesta crear una empresa en Polonia? Más o menos 200 dólares USD. ¿Y en Inglaterra? Nada. ¿Por qué? Porque el dinero es necesario para dirigir la empresa y no para pagar a la administración. Los ingleses son demasiado pobres para pagar 200 dólares para crear una empresa. Éste es otro síntoma del homo sovieticus. ¿Podéis acabar con esto? Si os preparáis seguro que sí. ¿Cuál fue la clave de la victoria de Solidaridad? Victoria no en el sentido de que firmaran un acuerdo y todo el mundo empezara a hablar de ello, porque eso es simplemente un indicio del éxito. El éxito son los 10 millones de personas que se afilió. ¿Y por qué se afiliaron? ¿Qué vieron en Solidaridad? En primer lugar, cuando se difundió la firma del acuerdo los que tomaron parte en la huelga oyeron del Secretario General Lech Wałęsa: “¡Vencimos!”. En segundo lugar, para que el éxito fuese duradero se dijo: <<Vayan y funden sindicatos libres por todo el país>>. De este modo crearemos instituciones que podrán transformar el país. ¿Qué significa eso? Que la gente aceptó la idea. Tras la victoria todos tenían alguna misión que cumplir. Cuando se acababan los acontecimientos en Ucrania, en la plaza, había allí una ciudad de tiendas de campaña. Pregunté a los dirigentes de la revolución naranja qué tenían que hacer todos los que estaban allí. Se irán a sus casas, ¿y qué más? - Nada. No tenemos para ellos ninguna misión – respondieron. Pensé: “no tendréis apoyo social durante mucho tiempo. El entusiasmo acabará pronto”. Las quejas son numerosas. Pero, volviendo a Solidaridad. ¿Por qué estos 10 millones se sintieron tan bien? Porque no se puede decir que en Polonia de pronto todo vaya bien. En estos 10 millones había gente de todas las clases. Y los sociólogos, los que se ocupan del derecho, se prepararon para transformar en Polonia todo el sistema legal. Unos iniciaron la reforma de la educación, otros de la seguridad social, de la economía, de todas las esferas de la vida. Trabajaban en Solidaridad, que se convirtió en una ágora griega en la que constantemente había debates y encuentros de cómo transformar el país. Todos tenían su misión por eso se sentían bien. ¿Supimos traer ese espíritu ciudadano a nuestra tercera república? De modo muy reducido. Ésta es una de las cosas que no hicimos bien. ¿Por qué hablo de ello? Porque hoy no sabemos cómo llegará Cuba a la victoria. No sabemos qué ocurrirá. Será una gran concentración, una gran huelga, una gran manifestación, una gran marcha. Pero algo ocurrirá. Y el éxito de la victoria dependiera de esto, es decir, de que la gente tenga alguna misión después de la victoria y cómo la administración pública los va a tratar. Lo mismo que con Solidaridad también en Cuba después de la victoria será necesario invertir en las personas. ¿Pero en qué concretamente? En Polonia invertimos en el poder ejecutivo. Pero gobierna mal, es pues una mala inversión. Invertimos en poder legislativo, pero las leyes son horribles. Aquí lo hicimos mal. Mientras tanto en democracia y mercado libre lo que el ciudadano necesita es un poder sólido, bueno e independiente: el poder judicial. Y en Polonia lo subestimamos. Es éste un área mal financiada, despreciada. No repitáis este error. Si podéis invertir en el poder judicial, en el juez como persona, ¡háganlo!. Porque si no, no tendréis ni buenos gobiernos ni buen poder legislativo. La única oportunidad para los ciudadanos es un buen juez y no lejos tenéis la buena escuela estadounidense. Inviertan en los medios porque los ciudadanos para entender qué pasa en su país necesitan información de los acontecimientos. Tienen que saber qué problemas se solucionan en el mundo. Los medios pueden ofrecer esto. Pero esto es muy caro porque hay que enviar cámaras a América, a Europa para que haga reportajes. Es más fácil sentar al portavoz del partido liberal y del partido radical, darles un tema –igual que hueso entre perros- y que discutan. De este modo es muy fácil asquearse de la política y los políticos. Ésta es la segunda esfera en la que vale la pena invertir. Por último, por supuesto hay que invertir en funcionarios públicos, porque sólo en este modelo de funcionamiento de la democracia, que tenéis muy cerca, porque los funcionarios públicos en USA funcionan dentro de un buen sistema. Sólo allí podéis observar cómo construir la relación de la administración con el ciudadano, cómo hacer para que la administración cumpla su papel de servicio público. Katarzyna Kolenda-Zaleska: Me gustaría que tocáramos todavía un tema porque todos los que estamos aquí creemos que cuba vencerá y que llegaran a la situación que tenemos en Polonia: hay un “nosotros” y un “ellos”. Desde hace 17 años se habla mucho en Polonia de saldar las cuentas con el pasado, con la gente que colaboró con aquel sistema. Según el sentimiento general todavía no lo hicimos. ¿O quizá lo hayamos hecho ya? ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo evaluar a los que colaboraron con aquel sistema? ¿Hay que castigarlos? ¿Dejarlos en paz? ¿O mejor condenarlos y perdonarlos?... No sabemos hacer esto aunque tenemos alguna experiencia al respecto. ¿Cómo hacerlo, Señoría? Stefan Niesiolowski: No quiero aconsejar a nuestros amigos cubanos. Cada nación, cada estado tiene sus propias experiencias, sus propias ideas. Me gustaría decir dos cosas, señora periodista. Es extraño ver de qué modo aguanta el régimen de Cuba. Porque allí no hay ejércitos extranjeros. Al lado tienen a EEUU a la que le gustaría la democracia en Cuba, pero de todas formas el régimen continúa. Paradójicamente parecía que el régimen debería caer rápidamente. En cambio en Polonia, rodeada del ejército soviético –como dijo el Señor Presidente- ocurrió lo contrario. En el asunto de la descomunización hacemos lo mismo que otros países de Europa. Nuestro modelo de descomunización es el checo. La idea es la siguiente: la gente que tenía ciertos cargos públicos en el sistema comunista debería ser separadas de sus funciones durante un tiempo en un sistema democrático. Ésta es la idea. El resto es polémica al fijar los detalles. La más importante descomunización la llevaron a cabo los líderes de SLD, al frente de ellos Kwa¶niewski y Olejniczak, porque apartaron a todos los antiguos activistas con orígenes y currículum en el PZPR. [Partido Obrero Unificado Polaco]. Lo hicieron durante transformaciones internas del partido (no quiero decir que “ajustaran cuentas”), y por eso en Polonia este problema es hoy un problema hasta cierto punto –creo- cerrado. También es cuestión de tiempo. No olviden que esto ya es una generación. Por supuesto que algunas leyes las escriben pensando en personas concretas – esto es una especialidad polaca. Se escriben proyectos de ley para cerrar alguna redacción, para arrestar a algún escritor en la frontera. Son ideas de este tipo, que no son realizables y tan absurdas que sus autores sólo cuentan con el efecto propagandista de la presentación del proyecto y no con que la ley se apruebe. En cuanto a saldar cuentas con el pasado hay que recordar que depende de qué tipo de sistema es el que cayó. Cuando cayó el sistema de Hungría, donde hubo criminales, torturadores, asesinos, el sentimiento de venganza, de compensar el daño era importante. Sin embargo en Polonia el sistema cayó por el propio peso de su ineficacia. Aquí no se había asesinado a nadie desde hacía mucho tiempo. En Polonia el sistema comunista represor, en su versión más horrible, terminó en el año 1956. Yo mismo estuve en la cárcel en los años 1970‑1974. Fue algo muy desagradable, pero nadie me maltrató, nadie me torturó, fue una cárcel donde nunca me sentí en peligro. El frío, el hambre fueron muy desagradables pero no se pueden comparar con las cárceles de los tiempos de Stalin. Por eso hoy sólo quedan algunos -poco numerosos- ya ancianos miembros de los Servicios Secretos, que de verdad se ensañaron. Son personas que sobrepasan los 80 años. Los juicios de estas personas tienen siempre un elemento delicado, pues se juzga a un anciano decrépito que a menudo no sabe qué quieren de él. En pocas palabras, para mí el problema del saldo de cuentas está prácticamente cerrado. Es un problema, más que nada, moral y simbólico. Katarzyna Kolenda-Zaleska: Gracias Señoría. El Señor Senador dijo que el asunto del saldo de cuentas está para él cerrado pero para muchos no lo está. Al revés. Muchos políticos en activo dicen que si se hubiera hecho a principios de los 90 estaríamos hoy en una situación diferente. Jacek Kurczewski: Estoy de acuerdo con lo que dijo el presidente. Un sistema cambia de dos modos: luchando o negociando. Si se consiguió el poder por la fuerza lo más sensato es perdonar al día siguiente a los que quedaron con vida. Si se consiguió el poder en un proceso de negociación, el sentido común dice que hay que respetar lo acordado. Si una parte respeta lo acordado también lo hace la otra. Creo que la situación es simple. Sin embargo la evaluación del pasado siempre será controvertida. Zbigniew Bujak: Decir que podía haberse hecho de diferente modo la transformación de Polonia si desde el principio hubiésemos saldado las cuentas con el pasado es –según mi opinión- un modo de pensar muy parecido a lo que personalmente llamo síndrome de Stalin, de Hitler, de Pol Pot. Porque esta idea es precisamente suya: Para cambiar algo en el estado hay que eliminar a cierta categoría de personas. Eliminarlas absolutamente. Desterrarlas o destruirlas. Es el mismo tipo de pensamiento: Eliminamos a una categoría de personas y todo será mejor. Pero no habrá un buen resultado porque en este proceso es como si nosotros mismos fuéramos verdugos. ¿Qué podemos aconsejar a los cubanos? No mucho. Resuelvan este problema solo. Pero vale la pena mirar cómo en otros países lo hicieron. Fijémonos en la República Sudafricana. Creo que allí se produjo algo importante y curioso. ¿Por qué? Se ve en los efectos. El Congreso Africano sigue ganando elecciones e incluso sigue creciendo su apoyo. ¿Significa eso que los negros de África viven ahora mucho mejor? Pues no. La misma pobreza que antes. ¿Cómo es posible que mantengan el poder? Encontraron otros mecanismos. En primer lugar, por supuesto, se saldaron algunas cuentas con el pasado. En segundo lugar, se cumplió algo que necesitaban los negros, algo que les da hoy sentido de la dignidad – eso por lo que luchamos, por lo que lucharon los ucranianos y por lo que ustedes luchan: Dignidad. Nos encontramos aquí con una historia real polaca. A principios de los 90 a la madre de uno de los asesinados en la mina “Wujek” le preguntaron si esperaba que atraparan a los verdugos de su hijo, se les juzgara y se les encarcelara. Ella no quería vengarse, dijo que su hijo hizo lo que hizo por Polonia, por la libertad. Pero varios años después esta misma madre le guarda rencor a Polonia, a la tercera república, a Wałęsa y dice: “Hay que saldar cuentas, perseguir, atrapar a estos asesinos. De otro modo no habrá justicia”. Ahora la pregunta: ¿Qué ha cambiado en cuatro años que esta misma persona cambió su parecer de modo tan radical? Por supuesto la respuesta se encuentra en los detalles. Uno de ellos lo conozco: ella constantemente veía que el verdugo de su hijo tiene un buen puesto muy bien remunerado mientras que ella vivía en la pobreza. No sé cómo vais a manejar el asunto del saldo de cuentas pero si hoy tenéis vuestros propios héroes, a sus familiares y quizá haya algunas víctimas, no os vayáis a olvidar de ellas. Porque si las olvidáis es como si olvidarais a toda la nación. Una última cuestión. ¿Qué saldrá de todo este saldo de cuentas y divulgación de documentos? Aquí siempre pongo el mismo ejemplo que describe bien el asunto de la divulgación de documentos. ¿Qué se ve en esos documentos? Allí está la verdad que reunió la policía. Pero esa es la misma verdad que en una serie de fotografías. Si aquí hubiera un fotógrafo que hiciera fotografías constantemente después podría elegir aquellas en las que tenéis la cara torcida, alguna sonrisa, algún gesto extraño. Después se pueden enseñar estas fotografías y decir: “¡Mira: esto es la verdad! ¡Esto es esta persona! ¡No estamos mintiendo, mira!”. Pero, ¿es éste un retrato verdadero? Claro que no. El retratista sabe cómo hacer una fotografía auténtica. Pero la fotografía no muestra cómo sois, vuestra personalidad. Esto es lo que ocurre con los documentos de los Servicios de Seguridad, con los de la Policía. Todo lo que ellos tienen es la verdad, pero es la verdad seleccionada de un modo concreto, que nos muestra como en un espejo deformado. ¿Qué aspecto tenemos? Horrible. ¿Quién va a tener este aspecto? Vuestros héroes, los mejores de entre vosotros. Porque en sus vidas hubo momentos muy diferentes. Así serán mostrados. ¿Y qué haréis entonces con eso? Es vuestra voluntad. Lech Wałęsa: Últimamente he ojeado estos documentos y la verdad es que es así. Pero en Polonia fue diferente. Los servicios de seguridad tuvieron tiempo de ordenarlo todo de modo que nos peleáramos como perros. Por ejemplo en los archivos hay muchos documentos de miembros de la iglesia. Esto no significa que cada cura fue agente secreto, sino que sólo diciendo algo que no cuadraba ya empezaban a investigarlo. Estos documentos no desaparecieron de los archivos. Los dejaron allí para alguien los leyera y se hiciera una opinión subjetiva del tema. En vuestro país pasará lo mismo. Algunas cosas serán más aprovechables para ellos – y entre vosotros provocara confusión. Por eso os avisamos para que no saquéis conclusiones demasiado rápido y para que –teniendo en cuenta nuestras experiencias– lo hagáis mejor. Katarzyna Kolenda-Zaleska: Señor Presidente, ¿mejor qué? Porque todavía no sabemos cómo hacerlo. Aún recuerdo en una conversación con políticos que se dijo que se debería haber quemado todos estos documentos. Lech Walesa: Hablamos de lo que los cubanos tienen que hacer. En primer lugar hay que preparar estructuras, programas, un cuerpo de expertos para ese día que llegará, porque eso sólo no se hace. Hay que dialogar mucho porque la oposición en Cuba está muy dividida. Cuando no haya tiempo habrá que tomar decisiones rápidas. Así que el “cómo” depende del programa, de la organización, de las circunstancias concretas. Hoy lo más importantes es que no os dejéis provocar. Como revolucionario me da miedo de que el régimen os saque a la calle en un clima de euforia y hagan uso de las armas para controlar la revuelta y para seguir conservando el poder. Incluso pueden referirse a estos encuentros que ahora tenemos, que los polacos os animaron, que os dijeron que teníais que salir a la calle. En la calle, en una solución violenta no tenéis ninguna oportunidad. Si nosotros hubiéramos intentado luchar por la fuerza nos habrían aplastado. Tenéis que recurrir a la buena organización y a la inteligencia. Si creáis estructuras y nombráis un líder tenéis que escuchar lo que diga. Como se empiece a poner en duda su autoridad, como empiece la anarquía os hundiréis y os irá mal. Espero que todos, y Zbyszek [Bujak] y yo, en cuanto recibamos una señal de que es necesario ayudar os ayudaremos. No permitiremos que os descarriléis, que tengáis bajas. Esto es posible. Por eso, infórmennos rápidamente y os ayudaremos. Zbigniew Bujak: Señoras y señores, lo que ha dicho el Presidente no son palabras vacías. Cuando fue necesario viajó a Ucrania en el momento en que no se sabía si iban a salir los tanques a la calle. Él es premio Nobel de la paz, por eso si él está en la plaza de la Independencia nadie va a disparar. Claro, esto son declaraciones pero valdría la pena tomar nota. Siempre digo que esta libertad llegará, no se sabe cuándo, ni cómo, pero llegará. Lo más importante es qué pasará “el día después”. Se habló de que podéis contar con expertos y consejeros, pero empecé a pensar “¿a quién os podríamos enviar de Polonia?”. En Polonia tuvimos consejeros de dos clases: unos se alojaban en hoteles como éste y ganaban muchos millones de dólares como consejeros. Personalmente preferiría repartir este dinero en la calle pues el provecho sería mayor. La otra clase fueron los consejeros de preadhesión. Eran trabajadores de los servicios de fiscalidad, de las aduanas, de la administración que a diario tienen contacto con el ciudadano y solucionan asuntos de distinta índole. Sus consejos me sirvieron de ayuda durante dos años y medio, cuando fui jefe de las oficinas de aduana en Polonia. Esta gente de los Estado Unidos, de Alemania, de Inglaterra, de Francia, de Suecia que estuvieron en nuestro país son para vosotros los mejores. ¿Por qué? Porque ellos aquí se chocaron contra una barrera mental, la barrera del autoritarismo. Ellos vieron cómo nuestro modo de pensar autoritario frena nuestras reformas de los servicios e instituciones. Ellos ya lo vieron y saben enseñar muchísimo mejor dónde reside el problema.
|