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  Ryszard Schnepf, historiador, latinoamericanista

 

Estoy muy contento de que tengamos la oportunidad de hablar en serio sobre Cuba. Hablar de su futuro sin paternalismo, sin querer dar lecciones, pero con el corazón, con amistad, con cierta preocupación. Estoy contento de que seamos capaces de compartir nuestras experiencias con nuestros amigos demócratas.

Ustedes que visitaron Cuba o conocen su historia, aunque sea parcialmente, saben que no hablamos hoy de un simple país oprimido y sometido a experimentos dolorosos, sino de una isla excepcional, que tiene una historia rica y muy especial. Por eso, permítanme enumerar por lo menos algunos de los elementos de esta historia. Cuba no era una república caribeña cualquiera, sino una perla en la Corona de España en la época colonial, un país de alto desarrollo económico en el siglo XIX. Poca gente sabe y poca gente quiere acordarse de que a mitades del siglo XIX Cuba económicamente superaba al Reino de Polonia.

Todavía más pena nos da observar lo que pasó con esta preciosa isla después del año 1960. Hoy sólo podemos admirar su pasado a través de su deteriorada - a la vez espléndida - arquitectura, y a través de su magnífica élite cultural. Todos conocemos la música cubana, muchos leemos a poetas y novelistas reconocidos. Conocemos directores de cine cubanos, aunque muchos de ellos trabajan en la emigración. Es un país que tiene una historia y una cultura muy ricas, además de su identidad y de su alto sentido de la dignidad. Durante los casi 50 años del gobierno de Castro muchas de estas magníficas cualidades de Cuba se deterioraron. Podemos verlo con nuestros propios ojos, podemos conocerlo gracias a las conversaciones con los habitantes de la Isla.

En enero de 2006 estuve en Cuba. Intenté hablar lo máximo posible con sus habitantes. Estuve en la provincia, estuve en la capital, estuve también en un centro turístico donde sólo de forma muy limitada tenían acceso los habitantes de Cuba. Tenía la sensación de que esta sociedad ha sido degradada, que hoy gran parte de los cubanos lucha para sobrevivir pues pensar en la soberanía pasada, en la posibilidad de realizar los sueños pasados es muy alejada.

Todavía más me alegro de que aquí en Varsovia estén con nosotros los representantes de la oposición que demuestran que la sociedad cubana no se olvidó de su pasado. ¿Pero es posible algún cambio en Cuba, donde un papel tan importante lo tienen el ejército y los servicios de seguridad? ¿Donde casi el 60% de la sociedad participa de forma directa o indirecta (a través de la familia) en el sistema que la oprime? Creo que el proceso de liberación puede ser bastante largo y exigirá paciencia y un trabajo muy profundo.

Quizá llegue al gobierno la generación de jóvenes funcionarios del estado –hoy de unos cuarenta años– que está más abierta al mundo. Muchos de ellos crecieron en el extranjero pero después entraron a formar parte de las estructuras del partido comunista. Ellos saben, o tienen la sensación de que es necesario realizar cambios, y cuanto antes se produzcan, mejor para Cuba y para ellos mismos. Este guión desgraciadamente no parece muy probable. Muchos politólogos prevén la introducción del modelo chino, es decir una fuerte autoridad central, disciplina social y liberalizar al menos parte de la economía bajo el control del estado, tanto del sector público como privado. Teniendo en cuenta las características del estado, es un modelo más bien parecido al modelo de Lukaszenko que al chino. Este modelo, en el que se detiene el curso natural de los acontecimientos, abriendo luego de modo gradual los canales de comunicación y las reformas económicas, parece un modelo posible pero exigiría paciencia por parte de la comunidad internacional. Quizás este guión lleve a la rebelión social o incluso al derramamiento de sangre en Cuba.

Y por fin la tercera variante, de la que últimamente se habla cada vez más. Las fuerzas conservadoras van a intentar mantener a cualquier precio su autoridad, sin tener en cuenta los posibles costes. Este guión supone -aunque espero que no sea así- que las autoridades, después de la muerte del líder, intentarán provocar a los grupos oposicionistas para que intervengan, y de esta forma darles más poder a las fuerzas del ejército y de la policía. De este tipo de desarrollo de la situación se habla cada vez más alto y creo que el papel de la comunidad internacional es hacer todo para que no esto ocurra.

¿Cuál puede ser nuestro papel? ¿En qué sentido nosotros, la Unión Europea, o también los Estados Unidos podemos servirle de ayuda a Cuba? Creo que siguiendo también nuestra iniciativa, la Unión Europea y los Estados Unidos deberían empezar una política de apertura a Cuba y el apoyo verdadero -y no únicamente declarado- de las reformas de modernización incentivando el cambio de leyes y las inversiones. Pienso que una iniciativa importante, sobre todo por parte de la Unión Europea, sería favorecer el diálogo, que debería establecerse entre los grupos de emigrantes cubanos y los cubanos que viven en su país. Esta claro que uno de los grandes problemas del futuro será la cuestión de las propiedades que dejaron en la isla los que hoy viven fuera. Creo que el diálogo entre los grupos de emigrantes y los cubanos que viven en la isla es muy importante para el futuro y para la comunidad cubana en general. Creo que los Estados Unidos en el momento del cambio también llegarán a la conclusión de que la continuación del embargo no tiene sentido y que sólo la apertura política favorecerá los cambios. Pienso que el mundo entero debería aproximarse al futuro de Cuba de manera amistosa y abierta, para que se termine con el síndrome artificial de la fortaleza sitiada.

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